Corregimiento El Guayabo: un territorio de lucha y esperanza

Corregimiento El Guayabo: un territorio de lucha y esperanza

Corregimiento El Guayabo: un territorio de lucha y esperanza

En el municipio de Puerto Wilches (Santander), 48 familias campesinas vieron sus sueños rotos por el desplazamiento forzado. Su arraigo profundo con la tierra fue interrumpido por la violencia, pero nunca cejaron en su empeño de volver. Hoy avanza su solicitud ante la URT. Esta es su historia de resistencia y perseverancia.

Puerto Wilches, 22 de agosto de 2024 (@URestitucion). Desde los años 70, los campesinos del corregimiento El Guayabo comenzaron a trabajar los predios ‘Altamira’ y ‘San Felipe’, que les fueron arrendados por Octavio López Franco. La comunidad comenzó a cultivar maíz y otros productos, con los cuales debían pagarle $10.000 pesos por hectárea y $3.000 pesos por carga de maíz a López.

La relación de los campesinos con la tierra no era solamente contractual; se convirtió en una conexión vital, donde cada cultivo simbolizaba un futuro para las familias que dependían de esos productos.

A mediados de los 80, Octavio López ya tenía una edad avanzada y decidió “parcelar a los campesinos directamente en los dos predios”, así lo manifestó Erik Yesid Payares, líder de la comunidad. Después de dicho acontecimiento, el dueño de la finca abandonó las tierras por “deudas personales y deudas en la anterior Caja Agraria. Además, el río Magdalena le inundó y perdió todas las cosechas”.

Lo que no esperaban los habitantes del corregimiento es que el dueño de los predios se acercaría a la Alcaldía de Aguachica para acusarlos de haberlos desplazado a él y a su familia, con ayuda de la guerrilla. Esta denuncia marcó el inicio de una serie de calamidades para los campesinos.

Comenzó la zozobra en el corregimiento

Una noche de 1999, exactamente a las 7:00 p.m, los paramilitares incursionaron en el corregimiento El Guayabo para quedarse en el territorio.

Después, el 17 de septiembre de 2002 a las 3:00 de la tarde, la vida de los campesinos cambió para siempre, porque “en la plaza del corregimiento, frente a la iglesia, paramilitares del Bloque Central Bolívar reunieron a la comunidad. Nos amenazaron, acusándonos de colaborar con la guerrilla”. Este fue el comienzo de una situación desgarradora, que dejó a estas familias sumidas en el temor y la zozobra.

Erik Payares recordó que: “tras la incursión paramilitar, muchos huyeron hacia Barrancabermeja y Bucaramanga. Esto dañó el tejido comunitario y el tejido social. Durante meses, los campesinos evitaron regresar a sus tierras por temor a represalias”.

El desplazamiento al que se enfrentaron no solo les robó sus tierras, sino también sus sueños. Las familias se vieron forzadas a dejar atrás lo que habían construido con tanto esfuerzo. La tristeza de ver sus cultivos abandonados, sin poder regresar para cuidarlos, fue un golpe devastador. "El proyecto de vida se acabó", así lo definió el líder de la comunidad, expresando la impotencia y el dolor que sintieron en ese momento, al ver cómo todo lo que conocían y amaban se desmoronaba.

Un vínculo inquebrantable con la tierra

Para los campesinos, la relación con la tierra va más allá de lo material. Es una conexión espiritual, una fuente de vida que les da identidad y propósito. "La sangre campesina tiene un contacto con la tierra más profundo que cualquier otro del mundo", afirmó Payares. Este vínculo, aunque fue interrumpido por la violencia, sigue siendo el motor que impulsa a la comunidad a soñar con un regreso a su territorio.

“Es muy triste cuando a una persona, a un líder, a una comunidad campesina como nosotros del corregimiento de El Guayabo, nos están estigmatizando, nos están judicializando solo por defender un derecho. Solo por estar en la tierra, solo por decir que queremos vivir en paz”, argumentó.

A pesar de la adversidad, la comunidad de El Guayabo nunca ha perdido la esperanza de volver a su tierra con sus títulos.

Es de resaltar que, en administraciones anteriores, la comunidad acudió a la Unidad de Restitución de Tierras (URT), pero no fue escuchada. Sin embargo, en 2023, con la esperanza de ser tenidos en cuenta en los procesos de restitución, sus integrantes se acercaron a la Dirección Territorial Magdalena Medio de la entidad, para dar a conocer la problemática que han vivido.

En esta oportunidad, lograron que la URT llegara a su territorio con la oferta institucional. “Desde 2023, la Unidad de Restitución de Tierras ha permitido que la comunidad vuelva a soñar. Tenemos la expectativa que ojalá nos ayuden a buscar esa dignidad campesina y que tengamos nuestro título de restitución de tierras”, dijo el líder comunitario, entusiasmado y con una sonrisa.

Asimismo, Payares agregó que la URT les ha brindado las garantías y los ha escuchado permanentemente: “la Unidad nos ha realizado un acompañamiento muy bueno, muy transparente, muy sincero y honesto a esta comunidad campesina. Estoy totalmente agradecido como líder, como comunidad, con el programa de restitución de tierras en nuestro departamento y nuestro país”.

Es importante señalar que la solicitud del corregimiento El Guayabo es el primer caso colectivo que se presenta en el Magdalena Medio. Actualmente, se encuentra en etapa administrativa. Se espera presentar próximamente una demanda, y que cuando sea emitido el fallo por la autoridad judicial sea a favor de la comunidad: para que continúen con el sueño labrar sus tierras y reconstruir sus vidas, que sean la luz de resistencia que guíe a otras familias que fueron víctimas de despojo y/o abandono forzado en el territorio.