Después de tres décadas de lucha y un largo camino para recuperar la tierra y la dignidad, este beneficiario de la URT volvió al campo para escribir un nuevo comienzo. Hoy impulsa un proyecto productivo que le devolvió la ilusión de vivir con tranquilidad.
Suaita, 6 de octubre de 2025 (@URestitucion). En 1993, la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) empezó a extorsionar y amenazar a los habitantes del municipio de Chiriguaná (Cesar). “Nosotros teníamos el futuro asegurado. Éramos finqueros, muy trabajadores, teníamos nuestra lechería y cebábamos ganado”, recordó Jorge Gómez. Pero la situación se agravó para la familia cuando hombres armados llegaron una mañana a su finca para secuestrarlo.
“Yo vi a los guerrilleros y les di desayuno. Los atendí bien, pero no sabía las intenciones de ellos. Algunos de los vecinos fueron asesinados, otros secuestrados. Gracias a Dios yo me les pude volar y mi esposa también los embolató”, aseguró el campesino.
Aunque logró salvarse, comprendió que no podía permanecer allí. “Denuncié, pero al principio nadie me creyó, ni el Ejército. Gracias a la intervención de un familiar, logré que la Fiscalía me escuchara. Incluso se realizó una operación militar muy difícil para recuperar parte del ganado, pero nunca pude regresar”, recordó.
Un despojo marcado por la carencia y la resignación
Luego de abandonar su predio llamado ‘Sal si puede’ —dejando atrás sus sueños y su proyecto de vida en ese lugar—, Jorge Gómez llegó a Bucaramanga, pero eso significó un cambio radical para él y su familia. Pasó de ser un campesino con todo asegurado a despertar sin nada.
La crisis lo obligó a empezar de cero junto a su esposa. “Pese a la necesidad, jamás pensé en hacer daño a otros. La pobreza no justifica la violencia. Nadie roba por necesidades; nosotros tuvimos hambre, aguantamos filo, y aun así salimos adelante sin hacerle mal a nadie”, dijo.
La búsqueda de reparación fue larga y agotadora. Antes de la Ley 1448 de 2011, Jorge ya había acudido al Ministerio del Interior y a Acción Social. Luego, inició el proceso formal en la Unidad de Restitución de Tierras (URT). En 2020 obtuvo una sentencia favorable que reconoció su derecho como víctima y compensado por equivalencia. Aunque la espera de desembolsos y trámites lo enfrentó a nuevas frustraciones, nunca perdió la fe.
‘La Esperanza’ es fruto de su esfuerzo
En diciembre de 2024, Jorge y su familia finalmente recibieron la finca ‘La Esperanza’ en el municipio de Suaita, Santander. El proyecto productivo, diseñado con el acompañamiento de la URT, está enfocado en café y cultivos de pancoger. Pero con recursos propios y préstamos, el compensado diversificó: hoy siembran lulo, plátano, tomate, yuca, crían gallinas, peces y sostienen huertas. Solo en lulo cuentan con más de 3.000 plantas sembradas en tres hectáreas. “Todo lo que queremos hacer, lo estamos haciendo”, recalcó.
Para Jorge, la experiencia ha sido dura pero también llena de enseñanzas. A veces pensó en rendirse, pero siempre eligió seguir luchando. Hoy agradece a Dios por la fuerza que le ha dado en estos largos años de espera, y a los profesionales de la Dirección Territorial Magdalena Medio que lo han acompañado, como el “abogado Álex y la ingeniera Rosmira, quienes han sido claves en la ejecución de mi proyecto y en solicitar el arreglo de la vivienda. Si uno no persevera, nunca verá el fruto del esfuerzo”, concluyó Gómez Martínez.
Su historia es un ejemplo de resistencia y dignidad para cientos de familias campesinas que aún sueñan con regresar a la tierra que un día les fue arrebatada.
Unidad de Restitución de Tierras – Dirección Territorial Magdalena Medio
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