La larga lucha de Fanny Duarte: una historia de resiliencia y restitución en Cundinamarca

La larga lucha de Fanny Duarte: una historia de resiliencia y restitución en Cundinamarca

La larga lucha de Fanny Duarte: una historia de resiliencia y restitución en Cundinamarca

En el municipio de Albán se encuentra Namay Bajo, vereda que guarda la historia de Fanny, una mujer que ha superado múltiples adversidades a lo largo de su vida. Madre de cuatro hijos y abuela de seis nietos, ella ha vivido en carne propia la dureza del conflicto armado, la violencia doméstica y sexual, tal como el desplazamiento forzado.

Bogotá D.C., 29 de agosto de 2024 (@URestitución). Fanny Duarte, originaria de Norte de Santander, trabajó durante años en la empresa Pollos Campeón, donde se desempeñaba en el turno nocturno, saliendo a las 6 p.m. y regresando a las 5 a.m. Pero su vida dio un giro el 13 de febrero de 2005, cuando fue acusada falsamente de ser informante y amenazada por grupos armados en Albán (Cundinamarca).

Le advirtieron que debía abandonar su hogar o, de lo contrario, quemarían su casa. Tres días antes de que esto ocurriera, envió a sus hijos al hogar de su madre, lo que fue una bendición, pues cuando su vivienda fue incendiada, sus hijos no estaban allí. Lamentablemente, perdió a sus animales y todo lo que había construido con tanto esfuerzo.

Sin embargo, el sufrimiento de Fanny no comenzó con el desplazamiento. A lo largo de su vida, fue víctima de violencia doméstica por parte de los dos padres de sus hijos. El primero la golpeaba constantemente, y cuando finalmente pudo escapar de esa relación, encontró que el siguiente hombre con el que se unió repetía los mismos patrones de violencia. A pesar de todo, ella se mantuvo firme, luchando por proteger a sus hijos de ese ciclo de abuso.

Una semana antes de que le incendiaran su casa y fuera desplazada, Fanny vivió uno de los episodios más oscuros de su vida. En la finca, que llevaba el nombre de ‘El Capricho’, fue violentada sexualmente por grupos armados. Este suceso marcó profundamente su espíritu, pero no logró quebrantar su determinación de seguir adelante.

Después del incendio, Fanny tuvo que huir con sus hijos, prácticamente con lo puesto, en pantaloneta y chanclas. Tras encontrar refugio temporal en Facatativá, se trasladó a Altos de Cazucá, en Soacha, donde comenzó a vender dulces para sobrevivir. La vida en el nuevo lugar no fue fácil, vivían en condiciones precarias en un rancho improvisado. Aun así, ella nunca perdió la esperanza y continuó luchando por salir adelante.

Empieza el retorno

En 2007, su situación comenzó a cambiar. Aunque el proceso fue lento y lleno de obstáculos, Fanny logró que su caso fuera reconocido por la Unidad de Restitución de Tierras (URT). Sin embargo, durante años había sido rechazada por las instituciones, incluso cuando acudió a la Unidad de Víctimas en Bogotá.

Pero su vida dio un nuevo giro cuando su hijo mayor enfrentó una situación crítica. Su hija nació de manera prematura, y la madre de la niña la abandonó, dejándola en manos de su padre. Al enterarse, Fanny tomó una decisión valiente: regresar a la vereda Namay Bajo. Con la pequeña bebé de sólo cinco meses en brazos, y después de haber pasado por innumerables trabajos y dificultades en Soacha, Fanny volvió a la tierra que una vez fue su hogar.

Al llegar, encontró su lote completamente enmontado, como si el tiempo y el abandono hubieran borrado su historia. Pero ella no se dejó vencer. Con la ayuda de los vecinos, abrió camino en medio de la maleza y construyó un rancho improvisado donde comenzó a vivir con su nieta. A partir de ahí, inició un proceso de recuperación, no solo de la tierra, sino también de su vida y de su esperanza. Sin embargo, la sentencia que había recibido de la Unidad de Restitución de Tierras, parecía quedar anquilosada.

Fanny Duarte es restituida bajo el Gobierno del Cambio, gracias al renovado enfoque de la URT, que ha dado prioridad a las víctimas del despojo. Este enfoque se centra en garantizar que casos como el suyo, con una espera de muchos años por justicia, finalmente reciban la atención y el apoyo necesarios para recuperar los predios y reconstruir las vidas. La entidad, comprometida con la reparación integral, ha trabajado incansablemente para asegurar que personas como Fanny, quienes han sido profundamente afectadas por el conflicto armado, puedan recuperar su dignidad y encontrar un nuevo comienzo en la tierra que les pertenece.

Vuelve la esperanza

Hoy, en su finca, Fanny ha sembrado diversos árboles frutales, como guayabas, naranjas y limones, que no sólo proveen alimentos para su familia, sino que también representan la fertilidad y la continuidad de la vida que tanto anhelaba recuperar. Además, ha plantado una variedad de plantas medicinales y ornamentales, que cuida con esmero, valorando cada hoja y cada flor como símbolos de su sanación personal.

Los animales también forman parte esencial de la finca de Fanny, y son el resultado del programa ‘Frutos de la Restitución’, un proceso que asegura que las víctimas del despojo no sólo recuperen sus tierras, sino que también alcancen la soberanía alimentaria. Gracias a este programa, ha podido criar gallinas, cuyos huevos son un recurso invaluable tanto para su alimentación como para su sustento económico. Además, ha logrado criar cerdos. Según ella, esto también le devuelve la sensación de control sobre su vida y su entorno, fortaleciendo su autosuficiencia y dignidad en su tierra recuperada.

La historia de Fanny Duarte es un testimonio de la fortaleza y resiliencia que muchas mujeres colombianas han demostrado en medio de las dificultades. Su lucha no solo representa un logro personal, sino también una esperanza para miles de víctimas que aún esperan justicia en Colombia. Ella, beneficiaria de la URT en Cundinamarca, es un ejemplo de cómo a pesar de los años y las adversidades, la perseverancia y la fe pueden conducir a la recuperación de la dignidad y la vida.

En el marco de la jornada de atención masiva en Bogotá, organizada por el Grupo Fondo de la Unidad de Restitución de Tierras, Fanny Duarte es una de las expositoras destacadas de los ‘Frutos de la Restitución’. Allí comparte su inspiradora historia de lucha, resiliencia y recuperación.

El Grupo Fondo de la URT es un componente crucial que se encarga de la administración, saneamiento y gestión de los bienes restituidos, asegurando que las órdenes judiciales se cumplan y que las víctimas puedan reconstruir sus vidas con dignidad.

Estas jornadas tienen como propósito fundamental no solo devolver las tierras a sus legítimos propietarios, sino también garantizar que las víctimas del despojo accedan a proyectos productivos, saneamiento de bienes y soberanía alimentaria. Durante el desayuno con medios, Fanny relató su experiencia personal, demostrando el impacto transformador de estas iniciativas en la vida de quienes han sufrido las peores consecuencias del conflicto armado. Su testimonio es un recordatorio poderoso de que, con el apoyo y compromiso de todos y todas, es posible restaurar la justicia, la paz y un futuro esperanzador para las víctimas en Colombia.