Gracias a la gestión de la URT Bogotá, los Novoa Poveda recuperan sus predios y reivindican su historia de resistencia.
Bogotá, 29 de abril de 2026 (@URestitucion). Tras más de 20 años de haber abandonado su tierra para proteger su vida, la familia Novoa Poveda recibió una sentencia que marca un nuevo comienzo: la restitución de los predios “Buenos Aires”, “Los Guayabos” y “Buenavista”, ubicados en la vereda Platanal, en el municipio de Anolaima (Cundinamarca).
Su historia se remonta a los años en que, unidos, construyeron su proyecto de vida en el campo. Tras el fallecimiento del padre en 1982, la madre lideró el sostenimiento de la familia y la productividad del predio, labor que más adelante continuó junto a su hijo Marco Antonio, quien, tras retirarse de la Policía Nacional en 1992, asumió la administración con el respaldo constante de sus hermanos.
La vida en el campo continuó entre cultivos, ganado y esfuerzos familiares, incluso después del fallecimiento de la madre en el año 2000. Sin embargo, el contexto de orden público en la región comenzó a deteriorarse de manera crítica.
El año 2001 marcó un punto de quiebre. En medio del contexto de violencia que afectaba a la región, la familia fue víctima de amenazas directas por parte de las Farc-Ep, particularmente contra Rosa María Poveda, compañera sentimental de Marco Antonio, quien fue señalada como presunta informante.
El riesgo fue inminente. Las intimidaciones escalaron hasta obligarlos a desplazarse hacia Bogotá, dejando atrás no solo su vivienda, sino su sustento y su historia. Un intento posterior de regresar terminó en un intimidación armada que selló su salida definitiva de la región. El desplazamiento transformó sus vidas. De productores rurales pasaron a enfrentar las dificultades de la ciudad, con trabajos informales y cambios de residencia, hasta establecerse en Melgar.
Hoy, la sentencia de restitución no solo reconoce el abandono forzado del que fueron víctimas Marco Antonio Novoa y su esposa Rosa María Poveda, sino que restituye su dignidad y su vínculo con la tierra. Representa, además, la posibilidad de reconstruir su proyecto de vida.
“El caso de esta familia evidencia cómo el conflicto armado fracturó proyectos de vida en el campo y obligó a miles de familias a abandonar lo que habían construido durante generaciones. Esta sentencia no solo restituye tres predios en Anolaima, sino sus sueños y vocación campesina”, señaló Martha Liliana Arévalo, directora territorial Bogotá de la Unidad de Restitución de Tierras (URT).
Este fallo evidencia cómo la justicia puede convertirse en un puente entre el desarraigo y la esperanza. Para la familia Novoa, la tierra no solo era un bien: era su hogar. Y hoy, finalmente, ese hogar le es devuelto.
Unidad de Restitución de Tierras – Dirección Territorial Bogotá
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