Al extremo suroeste de Colombia, en Nariño, las características de la tierra hacen que sea una zona cafetera privilegiada. La radiación solar que allí se manifiesta, los ciclos de lluvia y sus suelos con alto contenido de materia orgánica garantizan un aroma único en el país. Hablamos, en particular, de El Tablón de Gómez, que se caracteriza por ser uno de los municipios cafeteros donde se producen una de las mejores variedades de café del departamento –10% Caturra, 20% Colombia y 70% Castillo–, lo que ha generado un próspero desarrollo productivo y vegetativo en la región.
Esta realidad permite huirle a la memoria triste, pues esta zona, especialmente las comunidades que viven en la vereda la Victoria, un pequeño poblado de 250 casas dispersas en cinco sectores en los terrenos montañosos de la cordillera del El Tablón. En Granadillo, El Centro La Floresta, Bellavista y El Recuerdo se presentaron las peores situaciones de violencia vividas por las familias residentes en este sector. Muchos campesinos fueron obligados a desplazarse masivamente y a abandonar forzosamente los predios sobre los que ejercían derechos de propiedad, posesión y ocupación.
Todo sucedió a principios de la década del 2000, cuando llegaron cultivos de uso ilícito como la amapola a la región y las disputas entre la guerrilla de las Farc y el Bloque Libertadores del Sur de las autodefensas por el control territorial. Como siempre, hubo enfrentamientos y sangre, que afectaron inmisericordemente a unos pobladores que nada tenían que ver en estas luchas de poder.
Es por ello que el cultivo de café es tan importante para esta tierra. Porque configura no solo un sector de la economía, sino que determina en buena medida actividades, tradiciones y espacios relacionados con los períodos de siembra, producción, soquea (poda) y cosecha del grano. De ahí que el desplazamiento sufrido por esta población en abril de 2003 representara tan inmensa pérdida, porque ocurrió justo en la temporada de producción y cosecha del grano.
Eso fue lo que le sucedió, justamente, a Jairo Albán, habitante, líder y exconcejal de la vereda la Victoria, quien recuerda cómo una mañana de abril de ese año, en plena Semana Santa, la semana de reconciliación y reflexión no fue suficiente para que las arremetidas guerrilleras cesaran. Jairo recuerda que a las 9 de la mañana de ese miércoles santo se escuchaban muy cerca los disparos de una confrontación entre el Ejército Nacional y el Frente 29 de las Farc, Jacinto Matallana. Ese intenso fuego cruzado obligó a que Jairo, su esposa y sus tres hijos, se desplazarán hacia el corregimiento cercano de la Cueva.
Fueron años difíciles para esta familia, como para tantas otras. Pero en 2012, un año después de la promulgación de la Ley 1448, de Víctimas y Restitución de Tierras, llegó a esta región del sur del país, la Unidad de Restitución de Tierras. Allí, muchos campesinos víctimas de la violencia y el despojo conocieron los beneficios y el proceso técnico que implica la Ley, entre ellos Jairo. Tras un completo proceso de investigación, el 12 de diciembre de 2017, Jairo recibió un fallo judicial por parte del Juzgado Primero Especializado en Restitución de Tierras de Pasto, que le reconoció el derecho a la restitución y le otorgó una serie de beneficios adicionales. Entre ellos, vivienda rural, alivio de pasivos, educación para sus hijos y recursos para desarrollar un proyecto productivo sostenible y de su preferencia.
De esta forma y siguiendo su vocación, la Unidad le ayudó a implementar un proyecto productivo de más de 8.000 plántulas de café, además de la construcción de un beneficiadero. Varios ingenieros, agrónomos y otros profesionales, se encargaron de ayudarlo a llevar su proyecto a su mejor expresión.
Hoy Jairo Albán, de 45 años, gracias al apoyo recibido, no solo produce un café de gran calidad en su predio, sino que ese aroma y sabor cítrico que sale de su tierra es admirado y resaltado en los mercados internacionales. Debido a un contrato de comercialización impulsado por la Unidad, firmado entre estas familias y la empresa Cóndor Specialty Coffee, su grano actualmente circula por Estados Unidos, Inglaterra y Australia. Además, en diciembre de 2020, Jairo obtuvo el primer lugar en el concurso de La Mejor Taza de Café, que califica la excelencia mediante un proceso de catación en vivo.
Jairo y su esposa María han seguido sembrando esperanza. Sus manos, que un día se lastimaron con las espinas de la vegetación por salvar sus vidas, hoy son usadas para sembrar con alegría sus sueños y su futuro. Ambos tienen claro que, como él mismo lo dice, producen un “café de origen el cual es sembrado por mis propias manos”, mientras una gran sonrisa se dibuja su rostro. Como él, hay otras 255 fincas que tienen implementados proyectos de café, un total de 320 proyectos productivos que hacen de El Tablón de Gómez, uno de los municipios con más familias restituidas del departamento. Un motivo para seguir creyendo en la justicia.

