Cada septiembre el relato se repite en el suroeste antioqueño. Es tiempo de cosecha cafetera y abundan las oportunidades para miles de caficultores y recolectores, quienes ven en un grano abundante su esperanza. Allí los sueños se tranzan en bultos y cargas.
Es la escena con la que creció Luz Marina Román Márquez, una mujer campesina de Betania (Antioquia) cuya vida transcurrió cauta en medio de cafetales y el anhelo de algún día tener uno propio, y con ello, algo de aquella exuberancia que estaba segura transformaría el futuro de su familia.
En su lugar, la violencia la miró a los ojos por primera vez. Era el año de 1998 y la presión ejercida por grupos guerrilleros, contra ella y su esposo, desencadenó su desplazamiento forzado. Sin embargo, en lugar de abandonar su municipio y, con ello su vida, decidieron aguardar y fue así como a los pocos meses del hecho retornaron.
Ahora corría el año 2006 y Luz Marina, tras décadas de esfuerzos, logró hacerse a la titularidad de un terruño conocido como el “Oasis”, en la vereda Las Mercedes. Ella, que sabía de paciencia, por primera vez estaba ansiosa de empezar a ver como emergía lo que siempre soñó. Aunque así fugaz como una cosecha, así fue esta realidad para ella.
En 2012, producto de la confrontación entre actores ilegales, ahora de diferentes bandos, debe abandonar nuevamente su predio para proteger su integridad. Esta vez con el dolor adicional de pensar que también estaba dejando atrás lo que más había querido siempre, sus propios cultivos.
Pero la justicia estuvo de tu lado. Luego de los desplazamientos forzados en 1998 y 2012, Luz Marina Román pudo retornar a su predio para rehacer su vida en la vereda Las Mercedes, de Betania.
Seis años después de esa segunda agonía, y a sus 62 años, Luz Marina recibió lo que calificó como su renacer. Gracias a la sentencia de restitución de tierras emitida en 2018, y recursos económicos y técnicos como medidas de reparación adicionales, comenzó un proyecto productivo de transformación de café, un cultivo de plátano y siembras de pancoger para garantizar su seguridad alimentaria.
El cafetal, que siempre fue de otros, ahora crecía frondoso frente a sus ojos, con 60.000 árboles de los cuales actualmente 45.000 están en plena producción. Ya tiene asegurada su venta, producto de un contrato de comercialización con la Cooperativa de Caficultores de Betania. Hoy también Luz Marina cuenta con 2.000 matas de plátano, que al año cosechan más de 30.000 kilos en frutos.
Una mujer, ahora empresaria del campo que, guiada por su valentía y templanza, actualmente emplea a 12 personas, tras haber superado de la pura voluntad los días más inciertos de la pandemia.

